Surfin Bichos - Rock & roll para el tercer milenio, [XX] a [XXVII]

Rock & roll para el tercer milenio, [XX] a [XXVII]

Por Miguel Ángel Miralles
Publicado en Revista ROCK SÍ! nº29 a n°36
Fecha - 2000

Artículos publicados en la revista ROCK SÍ!
Magazine intempestivo de Roxy Club, nº29 a n°36 - septiembre 2000 a abril 2001



Rock & roll para el tercer milenio, [XX]
Un aventurado ensayo de MIGUEL ÁNGEL MIRALLES
Revista ROCK SÍ! nº29 - septiembre 2000



Pedro vive oscuro y sólo en el fondo del bar, un suspiro de alcohol se escapa de su sandre. Alguien le responde desde el water, ¿quién será? Es el Espíritu del Desagüe. ("Gente abollada", Surfin Bichos).

A finales de los ochenta, el panorama rockero nacional navegaba sin rumbo. Extinguida la generación de la movida, y con sus principales protagonistas engullidos por el engranaje multinacional (Gabinete, Radio Futura, Loquillo, etc.), todavía faltaban unos años para que desde las universidades surgieran bandas imitando a Pixies, Sonic Youth y Dinosaur Jr. Unos grupos que empezábamos a descubrir en aquella época, mientras el virus grunge aguardaba latente para expandir la fiebre guitarrera por todo el planeta.

Un contexto en el que, como siempre, no faltaban grupos interesantes, que tuvieron la mala suerte de no contar con una escena en la que apoyarse. Surgieron nombres como La Granja (Palma de Mallorca), BB Sin Sed (Barcelona), El Pecho De Andy (Toledo), o los magníficos Tarik y La Fábrica De Colores (Córdoba). Pero fue en Albacete donde apareció la banda más sorprendente de aquel momento. Con tan sólo una canción, "Gente abollada", que Ordovás programó insistentemente en su Diario Pop de Radio 3.

Surfin' Bichos se convertían de la noche a la mañana en el grupo más personal de todo el país. El dramatismo con que Fernando Alfaro relataba las sórdidas experiencias de sus "abollados" personajes, hacía de los Surfin' un inigualable combo de rock apocalíptico, destilador de poesía malsana y conflictos mentales por resolver.

Fernando, uno de los once hermanos de la familia Alfaro, es un tipo introvertido y taciturno; los perros cuentan entre sus mejores amigos, y hasta desearía ser uno de ellos (Me gustaría ser mi perro, tan feliz, con tan poquitos deseos, tan feliz, y sin tener que trabajar, tan feliz. "Un perro feliz"). "Son como personas pero en horizontal", dijo una vez. La obsesión perruna ha sido desde el principio una constante en toda la trayectoria de Alfaro, un individuo tranquilo propenso a convertirse en un perruzo, cuando el cable suelto de su cabeza empieza a dar bandazos y entra en crisis.

La primera formación de Surfin' Bichos la completaban José María Ponce (bajo) y Carlos Cuevas (batería). Su debut discográfico se produce en 1989 con un EP de cuatro temas en Rabia Records, subsello de La Fábrica Magnética. Por fin aparece plastificada "Gente abollada", y también destaca "El fantasma de la botella", donde Fernando da rienda suelta a otra de sus fijaciones: su fobia religiosa; ("Escúchame, hijo mío, has de coger a tu hijito y si tienes fe has de echárselo de comer a los cerdos. Llevado de la mano del Señor Jesús Bendito contemplo a los cerdos masticando a mi hijito"). Algo que ya habían anticipado en sus primeras maquetas con temas que nunca llegaron a publicar como "Hoy el señor resucitó" o "Surfin' Jesús".

Tras el Ep de debut incorporan como miembro oficial al teclista Joaquín Pascual, colaborador habitual de la banda desde sus comienzos, y así aparecen como cuarteto en el flamante Lp "Las luz en tus entrañas" (La Fábrica Magnética, 1989), un compendio de malaventuranzas para amantes de lo desconocido. El universo Alfaro se despliega, escupiendo rayos y huesos rotos en unas canciones que rezuman frescura vital y tormentas acechantes al mismo tiempo. Fernando es un niño grande con las tripas a flor de piel, viviendo el peligro, convirtiéndose en el rey del pegamento, e intentando calmar su sed en unos labios que hagan olvidar su soledad. Sin una producción excesivamente brillante, la instrumentación y los arreglos arropan un disco parido con pasión, una aventura por vivir llena de riesgo y emoción. Tan sólo un pequeño germen que irá alimentándose para liberar grandes tesoros ocultos.

Miguel Ángel Miralles



Rock & roll para el tercer milenio, [XXI]
Un aventurado ensayo de MIGUEL ÁNGEL MIRALLES
Revista ROCK SÍ! nº30 - octubre 2000



Nunca mires atrás, o te convertirás en estatua de sal, nunca mires atrás. Fui feliz cuando tú me pusiste una cruz de ceniza en la frente, mi frente ardiente, mi mente enferma, mi frente ardiente, me frente asesina, mi frente ardiente. Polvo eres y en polvo te convertirás. ("La oración del desierto", Surfin´ Bichos)

Algo muy raro está circulando por el interior de Fernando Alfaro, un tipo escocido por el amor que no sabe en qué clase de animal se está convirtiendo. Estamos en 1991 y los seguidores de Surfin' Bichos aumentan gira tras gira. La multinacional RCA apuesta por ellos a través de Virus, subsello con el que tratan de explotar algunos nuevos valores del pop nacional. De esta manera se publica "Fotógrafo del cielo", el disco surgido tras tropezar con la sombra de un perro interior.

Fernando sigue con la ferviente necesidad de expulsar sus demonios, y esta vez nos descubre una nueva forma de hacerlo: las baladas. Un tipo de canción al que recurrirá con frecuencia de ahora en adelante, con la Velvet Underground como referencia de peso para componer inspiradísimas viñetas minimales. "Mi refugio", con la tentación del suicidio como siniestro guión, es el primer ejemplo claro.

En algunos casos la velocidad disminuye, pero sin embargo aumentan la tensión y el desasosiego, manteniéndose la dulzura perversa característica de Alfaro (Hágase la luz, bájate las bragas tú, probaré tu agua cristalina, probaré tu agua turbia de amor. "Siete veces gato").

Por otro lado, la intensidad de "Gente abollada" pedía ya una segunda parte, que llega con "La oración del desierto", un desgarrador relato que muestra a los Surfin´ más crípticos y enfermizos. Un tema doliente y oscuro que se convertirá en el eje de sus actuaciones en vivo. Una ecuación cerebral (Santa María + vena débil + cuchillo de cocina = polvo) que termina tocando a difuntos desde lo alto del campanaro, mientras el fotógrafo dispara sus fotos al cielo. La amenaza del Arcángel Exterminador está presente en todas las canciones, pero algunas de ellas adoptan la forma de medios tiempos amables, envueltos en ágiles melodías. Es el caso de "Rifle de repetición" o "Dulce mal trago", el tema que supuso las primeras apariciones televisivas de los Surfin´.

El bombazo no se produjo, pero RCA comprendió que el infierno de Alfaro podía ser vendible, y se apresuró a publicar "Hermanos carnales" (Virus, 1992). La visceralidad produce esta vez canciones de impacto inmediato como "Mi hermano carnal" y "Fuerte!", nuevos himnos del grupo. La rabia queda un tanto diluida entre baladas, detalles intimistas y desenfado pop, pero en cualquier caso Fernando continúa hablando de los vicios que le matan y abriendo su hígado para repartírselo a los perros. Ahora es San José quien le da un susto y Lázaro el que resucita perdiéndose en la humedad. Sacrilegios aparte, un extraño polvillo ha vuelto efervescente a nuestro héroe, que en medio del humo azul sueña con ángeles transparentes, y se abraza a ella como si hubiera un terremoto. A pesar de que la tormenta interna continúa, una extraña sensación de placidez invade todo el disco. Los Surfin´ Bichos brillan más que nunca.

En el camino ha quedado José Mª Ponce, una baja que cubrirá en directo el bajista José Manuel Mora, convertido a la postre en nuevo miembro de la banda. Con tres intensos discos a sus espaldas, el repertorio del grupo se traduce en unos conciertos arrasadores, auténticas comuniones colectivas en las que cada uno expulsa sus fantasmas. Fumigados con agua bendita, el creciente culto hacia los Surfin´, les coloca indiscutiblemente en la primera plana del pop nacional más interesante.

Miguel Ángel Miralles



Rock & roll para el tercer milenio, [XXII]
Un aventurado ensayo de MIGUEL ÁNGEL MIRALLES
Revista ROCK SÍ! nº31 - noviembre 2000



Era como un cometa intenso, con un deseo redentor de vida y de amor eterno, y de Universo. Tan vivo fue mientras duró. Y vi un resplandor de gloria, y entre sueños dejaba esta dimensión. El final de una quimera, quien por ella dio su vida entera, cuando ve como se quema ¿qué queda ya? ("El final de una quimera", Surfin' Bichos)

Surfin' Bichos nunca habían grabado versiones. Tampoco tocaban ninguna en directo, ni siquiera las ensayaban en el local. Pero hacía tiempo que por la cabeza pensante de Fernando Alfaro ya rondaba la idea de hacer un disco entero de versiones. Tendría que ser un álbum conceptual, es decir, una colección de canciones escogidas siguiendo una línea homogénea y en consonancia con el espíritu del grupo, algo así como el "Kicking against the pricks" de Nick Cave & The Bad Seeds. Fernando eligió personalmente los temas, no sólo teniendo en cuenta la cercanía musical, sino buscando que las letras conectaran de pleno con el universo Surfin'. De esta manera surge "Family álbum I", llevando a su terreno maravillas de Robyn Hitchcock, Rolling Stones, Jimmy Cliff, Leonard Cohen, Alex Chilton, y, por supuesto, la Velvet. Una reunión coherente que dejó fuera el "Don´t want to know if you are lonely" de Hüsker Dü, y "Dog eat dog" de Adam & The Ants, que ni llegó a ser registrada.

Teniendo en cuenta que los textos están adaptados casi de forma literal, es sorprendente como el disco suena a Surfin' Bichos por los cuatro costados. (Tienes cielo, el cielo en la mano, tienes cielo, te está sobrevolando. ¿Por qué no luchas?, ¿lo vives, o qué? ¿Por qué no matas o enfermas por él? "Heaven", Robyn Hitchcock; Cae la tarde por el río, me siento y veo jugar a los niños. Les veo sonreír, pero no es a mí. Me siento y veo las lágrimas pasar. "As tears go by", Rolling Stones; Oí que había un acorde secreto. David lo tocó y le agradó al Señor, pero no os importa mucho la música, no. "Hallelujah", Leonard Cohen; Ángeles que irradian gloria, gran estrella sideral, ciudad regia de David bañada en luz total. Jesucristo nace hoy en un charco de amor. "Jesus Christ", Alex Chilton).

De nuevo Alfaro da en la diana, y sus escogidas versiones suenan a nuevo disco de los Surfin' con todas las de la ley. Sin embargo, la publicación en 1993 de "Family álbum I", no es más que un intento de mantener vivo el grupo, ante la desidia que empieza a mostrar la discográfica. RCA no se gasta un duro en promocionar el mini-lp, que la legión de fans de los Surfin' se encarga a amortizar, y parece dispuesta a retrasar todo lo posible la salida del nuevo trabajo. Entretanto, el grupo registra en Madrid "El amigo de las tormentas", el testamento definitivo de SB. Para muchos de los fans de siempre, su mejor disco. Quizá el más crudo, el más rockero, pero al mismo tiempo el disco en que la poesía de Alfaro alcanza sus cotas más altas. Isabel León, su rubia compañera, aparece como un miembro más de la banda a la voz y teclados. La guitarra de Joaquín Pascual echa chispas, mientras Fernando cuenta sucias historias de amor bajo increíbles cielos fucsia. Nuestro héroe está venado, se pone del revés, alcanza planetas extraños, viaja con fruición, pero todas las callejuelas del alma le conducen hacia ella en medio de la tormenta. Con el cielo abierto en canal, Fernando busca una señal que le despeje todo, una abundante lluvia que disuelva su soledad.

En 1994, Virus-RCA publica el disco con una promoción nula, y con un considerable retraso sobre la fecha prevista. Las intenciones de la compañía están claras. Alfaro, agotado, disuelve SB y se retira para aclarar su vida.

Miguel Ángel Miralles



Rock & roll para el tercer milenio, [XXIII]
Un aventurado ensayo de MIGUEL ÁNGEL MIRALLES
Revista ROCK SÍ! nº32 - diciembre 2000



Hubieras sido tan feliz en este mundo junto a mí, ahora ya nunca sabrás si estuvo bien, si estuvo mal. Encadenados a una luz... No tengas miedo, no te haré daño, tengo que hacerlo, no te haré más daño que a un árbol que se arranca de cuajo por unas manos gigantes. ("Encadenados", Mercromina).

En realidad, Surfin' Bichos no llegaron a disolverse del todo. Fue Fernando Alfaro quien se retiró, y el resto de la banda continuó haciendo música. Incluso les propuso que siguieran como Surfin' Bichos si querían, pero ellos pensaron que sin Fernando ya nada sería igual. Cuestión de principios, de respeto y, sobre todo, de amistad, porque en contra de lo que algunos puedan pensar no existieron peleas.

Joaquín Pascual coge el timón a la voz y guitarra, la sección rítmica se mantiene, y entra la guitarra de Carlos Sánchez. El nuevo cuarteto se llama Mercromina. Debutan con el álbum "Acrobacia" (Subterfuge, 1995), un disco grabado con pocos medios que resta calidad al derroche de imaginación del grupo, siempre a la búsqueda de matices y contrastes sonoros. Joaquín, también conocido como "El membrillo", susurra más que canta; su voz no da más de sí. Sin embargo, casa bien con sus sugerente letras y el tira y afloja ruido-melodía. Arrastra todo el halo enigmático de la literatura Surfin' pero no resulta tan profundo, tan abismal como Alfaro. En cualquier caso, lo que más llama la atención es el sonido del grupo, que marca una clara evolución respecto a la etapa anterior. Las guitarras muestran un claro acento noise, y las canciones tienen estructuras cambiantes, con partes diferenciadas y distintos ritmos, aprovechando las grandes cualidades percusivas de Carlos Cuevas. Como complemento, guitarras acústicas, teclados, vientos, e incluso, secadores y batidoras (uno de los temas se titula "Cacharros de cocina").

En definitiva, un gran deseo de experimentar en busca de una sonoridad propia, lejos del mimetismo característico de la escena independiente estatal. Muy pronto se colocan a la cabeza de las bandas más interesantes, asumiendo con orgullo las continuas referencias y comparaciones con SB. No lo consideran un lastre, sino un pasado que va poco a poco transformándose y dando vida a nuevas experiencias.

Mientras tanto, ¿qué ha sido del perruzo más creativo de Albacete? En el verano de 1995, después de un año de letargo, Fernando Alfaro decide regresar a la música. Para ello se junta con sus amigos de República Gorila, otro grupo tótem de la zona: Juan Carlos Rodríguez (bajo) y Javier Fernández (batería y secuenciadores). Los tres forman Chucho, el perro sin nombre. Fernando está de nuevo volcado en la música. Crea su propio sello, Limbo Starr, y a principios de 1996 aparece un Cd-Ep con cuatro temas a modo de maqueta. Realizan una mini-gira de presentación (Madrid, Barcelona, Valencia), y una vez más crítica y público se rinden ante el recalcitrante matadero interior de Alfaro. El perro rabioso establece la conexión de hueso para exorcizar sus sufrimientos. Todavía roto, por dentro y por fuera, le ladra al infierno para espantar el miedo y nos moja con su sangre en un acto de amor apocalíptico. Es él, otra vez, trágico y romántico, siniestro y afable, una persona tranquila con un monstruo en celo en su interior, un demonio con cuernos de caracol.

La actividad de Chucho ya es imparable. Varias compañías grandes entablan un encarnizado esfuerzo por llevarlos a su catálogo. Finalmente Virgin llega a un acuerdo con el grupo para lanzar su siguiente trabajo: "78".

Miguel Ángel Miralles



Rock & roll para el tercer milenio, [XXIV]
Un aventurado ensayo de MIGUEL ÁNGEL MIRALLES
Revista ROCK SÍ! nº33 - enero 2001



A media altura se puede ver una zona turbia, ahí está él. Su transparencia se hizo hiel cuando el polvo turbio inundó la piel. Es mi vicio de siempre, el que más me reconforta, el que me hace que tiemble y que me muera, mi pecado de muerte,... Un ángel turbio está al caer. ("Un ángel turbio", Chucho).

El limbo de Fernando Alfaro se convierte por momentos en un turbo-infierno donde las almas sangran de tanto frotarse. Sin buscarlo, nuestro héroe ha encontrado el detonador, y las canciones explotan dibujando un nuevo mar de sonidos. Chucho descubre que la tecnología puede ser una herramienta muy interesante. De hecho, la mayoría de sus canciones están construidas sobre una programación. El techno, el trip-hop, el dub o el drum'n'bass salpican el motor creativo de la banda, que ha escuchado a gente como Tricky, Orbital, Beck, Prodigy o Goldie.

Sin embargo, no se trata de un giro a la electrónica, sino de la incorporación al planeta perruno de algunos elementos sónicos propios del final de la década. Después del ladrido inicial de la maqueta-ep, "78" (Virgin, 1997) suena tan refulgente como el sol de la portada de Aramburu. La coproducción de Matt Kemp junto a Alfaro, y la masterización de lujo a cargo de Tim Young en Londres, hacen que el disco sea todo lo rotundo que cabía esperar. Todo encaja a la perfección: guitarras crudas, slides celestiales, programaciones detallistas. "78" matiza como nunca antes lo había hecho un disco, el fascinante drama interior de Alfaro. Un sonido panorámico envuelve con maestría sus particulares historias, y de nuevo la eterna crisis surge, reflejada sobre todo en "Cerca del animal", una canción que muestra claramente sus dos facetas más reconocibles. Por un lado, el instinto salvaje, el arrebato punk, el regocijo al escuchar el grito de una chica, la cabeza de su enemigo reventada con un hierro arrancado al intestino. De otra parte, la melancolía enfermiza, la pena endógena, la búsqueda imposible, sobrevolar entre las garras del caído, saludar ants del hundimiento definitivo. Pero antes, cumplir con los deseos más dolorosos y ocultos: joderte con mi cámara de fotos por toda la piel.

Fernando está más satisfecho que nunca de su trabajo, sabedor de que ha alcanzado una cumbre expresiva difícilmente superable, y de que su grupo ha fagocitado las últimas corrientes musicales alimentando una singular vía creativa. El fantasma de Surfin' Bichos se disipa. Ya sólo existe un Chucho, bailando con el fantasma wazzu.

Y para las heridas tenemos Mercromina, cuyo segundo trabajo, "Hulahop", también ve la luz en 1997 de la mano de Subterfuge. Aquí, los contrastes sonoros apuntados en "Acrobacia" se perfilan con mayor tino y elegancia, aprovechando arreglos de cuerdas y metales. No se produce el ensamblaje definitivo, pero esos temas pop de texturas superpuestas fluyen cada vez con mayor naturalidad. Las guitarras se muestran ágiles, virando hacia la canción-con-gancho que recuerda a The Breeders, o bien hacia la ensoñación propuesta por J. Mascis. Está claro que en este caso, es el guitarrero indie-rock de los 90s el punto de apoyo en la consecución de un sonido propio, pero los detalles bossanova y la riqueza instrumental que impregna todo el disco, auguran un futuro de importantes logros y canales de expresión propios. Joaquín Pascual adapta su voz a la centrifugadora multidimensional. El laboratorio de paz y tormenta funciona.

Miguel Ángel Miralles



Rock & roll para el tercer milenio, [XXV]
Un aventurado ensayo de MIGUEL ÁNGEL MIRALLES
Revista ROCK SÍ! nº34 - febrero 2001



Yo sólo quiero operarte nena, será coses y cantar, verás que pronto crece en ti el amor, tejido de felicidad. Yo sólo quiero que me quieras, darte una oportunidad, tendrás el marcapasos del amor, transplante de felicidad. ("Cirujano patafísico", Chucho).

Una nueva emoción brota de repente en la vida de Fernando Alfaro. Nace su primera hija, y nota como del espacio intraexterior el amor ataca de nuevo. Algo le grita revolución desde el fondo del estómago. Así las cosas, "Magic", la carta de presentación de "Tejido de felicidad" (Virgin/Chewaka, 1999), se convierte en la canción más sorprendente del grupo. Una melodía Bachariana a ritmo de pseudo-funk bailable disipa por un momento la niebla existencial de Alfaro. Dispuesto a derrochar amor, quiere aprovechar intensamente el tiempo que le queda por vivir, disfrutar con cada trago, con la esperanza de que lo mejor está todavía por llegar. ¿Por fin el Chucho es un perro feliz?

Fernando se rebela contra sí mismo. Los últimos acontecimientos de su vida le dan un punto de equilibrio que desea mantener a toda costa, a la fuerza aunque sea. Si la felicidad existe, la extirpará del universo para insertarla en el lugar adecuado, y ella sola se reproducirá como un kéfir. De esta manera, el Dr. Alfaro se convierte en un cirujano patafísico que instala marcapasos de amor para erradicar el mal endémico de la indiferencia. La culpa de todo esto parece tenerla "Hamorambre", un duende de la era glacial que al final siempre aparece por mucho que uno quiera retrasarlo. Pero el alma está erecta, y de vez en cuando supura odio carnicero. ¿Por qué si te quiero tanto te hago tanto daño?, ¿acabaremos algún día envenenados?

La aureola de felicidad de Chucho no deja de ser contradictoria. La vida, a pesar de todo, sigue teniendo fiebre y pesadillas, un aguacero nos moja la sangre recordándonos que la muerte llega inevitablemente. Las heridas siguen abiertas, no se curan con sal, y en el fondo somos unos perruzos buscando a Alicia Rompecuellos para que nos salve del arte. Corremos como posesos intentando aplacar la sed y el hambre, pero al volvernos hay un perro detrás enseñando los dientes.

Musicalmente, "Tejido de felicidad" es otro paso adelante en la carrera de Chucho, la demostración de que la nueva tecnologia puede encajar en las estructuras del rock abriendo infinitos caminos creativos. El sonido de la banda es ya un cúmulo de elementos ensamblados apuntando hacia un futuro de constante investigación. No obstante, las canciones de Alfaro tienen una personalidad propia que trasciende su tratamiento instrumental. Así lo demostró en "Triple Zero Tour", una ambiciosa gira que incluía tres conciertos distintos durante tres días seguidos en la misma ciudad. Un juego de reinterpretación que suponía al mismo tiempo un recorrido por las distintas fases del grupo: una primera acústica, simples acordes de guitarra apoyados por programaciones; una segunda punk, el regreso al local de ensayo vaciando toda la furia contenida; y la etapa actual, Chucho ampliados a sexteto, condensando el mundo en un segundo, elevándose en el ascensor hacia la cuarta o quinta dimensión.

El Cd-Ep de apoyo ("Triple Zero", Virgin/Chewaka, 2000), presentaba versiones distintas de tres canciones del disco, disminuyendo el tempo en busca de armonías ocultas, y además una remezcla especial de "Una f-foto tuya" a cargo de Astrud. Un Chucho perdido en el tiempo disfruta del camino que le lleva hacia el futuro.

Miguel Ángel Miralles



Rock & roll para el tercer milenio, [XXVI]
Un aventurado ensayo de MIGUEL ÁNGEL MIRALLES
Revista ROCK SÍ! nº35 - marzo 2001



No te gusta nada de lo que hay aquí, buscas vida extraterrestre. En mi nave tengo sitio, vámonos, vamos a ninguna parte. Es un bicho raro, cambia de color, su cabeza distorsiona, es un ciclón. Pero si me dice ven y vámonos, yo contigo al fin del mundo. ("Evolution", Mercromina)

Evolución. Una constante indiscutible en la trayectoria de Mercromina. Cada uno de sus discos supone un salto cualitativo y el descubrimiento de nuevos horizontes. En "Canciones de andar por casa" (Subterfuge, 1999), Joaquín Pascual limpia su alma hasta hacerla brillar como un cristal para así ofrecer lo mejor de sí mismo. Paradójicamente, su disco más producido y con mayor diversidad de arreglos es el que suena más sencillo y liviano. Ya no existe una competición en busca de la diferencia, del contraste. Las canciones son mucho más fluidas, y en medio del mar las ballenas bailan un vals mientras cae la lluvia. Hay amores que no se olvidan, y Joaquín tiembla bajo el agua, pensando que todavía le queda media vida entera para regresar.

La susurrante voz del Membrillo ya no se hace chocante como al principio. Ahora la necesitamos, las canciones la piden. Por primera vez, existe una sensación de homogeneidad tanto en el conjunto del disco como en las propias canciones, a pesar de todos los aderezos electrónicos y los arreglos instrumentales. La pasión por la bossanova surge sin tapujos en temas como "Media vida entera", y los mensajes son más directos: "Hay algo muy dentro de mí que se muere lentamente si tú no estás aquí" ("Vacaciones"); "Cuidándote, todo el día me sabe a poco. Yo quiero estar abrazado dentro del agua, sin respirar, que se olviden de mí" ("Nosotros"); "Escúchame bien, vengo desde otro mundo. Enciérrame bien, que no pueda escaparme nunca. Todo lo demás vendrá después" ("Enciérrame").

Amores eternosque se diluyen en el océano. Mercromina se saca la espinita del dolor a golpe de melodía cálida, y juegan a que están escondidos debajo de tu almohada, teletransportándote a ninguna parte, aupándote en el géiser de la ballena.

Estamos en 1999, y parece que el pasado se distancia de la licuadora emocional de fin de siglo, que ha dado lugar a dos propuestas verdaderamente deslumbrantes. Fernando Alfaro, el cirujano patafísico de los transplantes imposibles ha aislado una extraña visión de la felicidad, mientras que Joaquín Pascual ejerce de psiquiatra del corazón y nos abre su puerta para que le ayudemos a apagar el infierno del amor.

Los años en común ya son parte de la historia. Ahí quedan los cuatro álbumes oficiales de Surfin' Bichos, amén del genial disco de versiones. Como complemento "El infierno B. Rarezas" (RCA, 1996), que recoge algunos temas inéditos, maquetas y canciones aparecidas en Cds promocionales, todo ello perteneciente a la etapa multinacional del grupo.

Lo que jamás llegó a publicarse fue "Primeros pasos: el mundo por los pies", la reedición en CD del primer disco "La luz en tus entrañas" y el maxi "Gente abollada", junto a rarezas de la primera época. Por lo visto, cuestiones legales en torno a los derechos de los discos que en su día publicó La Fábrica Magnética lo impidieron. Un sinsentido, como la muerte, pero mejor no profundicemos más. Mucho de lo que pudo haber sido nunca será, pero seguimos esperando una señal.

Miguel Ángel Miralles



Rock & roll para el tercer milenio, [XXVII]
Un aventurado ensayo de MIGUEL ÁNGEL MIRALLES
Revista ROCK SÍ! nº36 - abril 2001



Y en las ondas de radio ya voló mi diario, y yo ya lleno estadios con mi voz. Y ya quemé mi pasado y me he volatilizado, ya no soy mi pasado, sólo yo. Y los discos quedaron ahí latiendo callados y aún hacen su trabajo de demolición. ("Abre todas las ventanas", Chucho).

El recorrido ha sido largo. Seducido por el camino de la gente abollada, Fernando Alfaro visitó la catedral de abismo y dolor, observó como el detonador EMX-3 reventaba almas salpicando la Tierra de ángeles turbios, y jugó a ser el mal con palos y piedras. Luego la fiebre se calmó con la revolución del amor, y la cirugía patafísica preparaba una nueva vida en busca de la magia de un futuro intenso. Cientos de experiencias y de experimentos con la anestesia, en un extenuante tira y afloja emocional.

Pero el abismo del amor aún guarda el gran secreto de la ciencia. En el viaje aparecen dos niñas pequeñas chapoteando en la bañera, y algo se activa en el interior de Alfaro. Ahora ya le importan las catástrofes, ahora ya tiene algo que perder. La visión rayos X ofrece una completa panavisión del amor, y todo el pasado se condensa en oscuros y densos chorretones que manchan el papel: el hallazgo definitivo, las claves de todo: "Los diarios de petróleo" (Virgin-Chewaka, 2001).

El nuevo disco de Chucho sigue deseando el infinito, pero huye de la vida gris y busca el abrazo del firmamento. Limbo Starr, la estrella polvorienta, sigue causando fascinación, pero aquellas noches en pie de guerra llenas de carne y drogas duras van quedando atrás. El perruzo se paseó por el turbo-infierno, si se descuida no vuelve, pero ¡que les den bien a todos!, el rey del error sigue adelante con sus contradicciones y sorteando las tentaciones de la Geometría Animal (la religión del bajovientre está a la orden del día). Las personas, como bolas de billar, van entrechocando, y más de un impulso cardiovascular nos hace perder el norte a vida y a morte. Uno es demasiada poca gente, quizá dos, tres y cuatro también. Sin embargo, el aura de amor sigue ahí, luchando contra el dolor, agarrándose a Ricardo Ardiendo, el nuevo Moisés sideral.

Alfaro se aleja del animal y camina ahora junto al ángel. Un nuevo abismo se abre a sus pies, el amor le llama insistentemente; mientras tanto, el ruido de la calle le mantiene conectado a los inevitables infiernos infinitos. Las sórdidas historias de extrarradio, repletas de pobreza y destrucción moral siguen ejerciendo un tremendo poder seductor: ese camino liberador hacia el más allá, donde no existe el miedo y todo el mundo tiene para comer.

Las notas del diario se transforman en canciones, algunas de ellas en formato de entusiastas baladas, con agradables toques jazzies e incluso de bossanova. Otras veces es la seda electrónica o las guitarras velvetianas las que envuelven en misterio viñetas sobre las grandezas y miserias de la vida. Por otro lado, predominan las estructuras pop sencillas, donde la voz de Fernando se desliza fluida en un discurso plagado de claves y puntos de anclaje que pueden desnivelar el significado hacia lugares completamente opuestos. ¿Ser un despojo quizás, pero digno y con ley moral, o entregarse al hedonismo o al sadismo, dime, qué es mejor? Por muchas vueltas que le demos, la contradicción sigue ahí, pero al fin y al cabo la vida como aire se va, y nuestras venas están llenas de sangre que aire será.

(Continuará)

Miguel Ángel Miralles

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